“No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable”. Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC. Escritor, orador y político romano).
Leo estos días la polémica surgida por el cobro de las millonarias indemnizaciones de los banqueros cuando son despedidos de sus trabajos, léase Goirigolzarri, o Amusátegui, o cualquier otro.
También leo la postura de aquellos que dicen que los bancos, y más concretamente el BBVA, son entidades de capital privado fabulosamente gestionadas, que en ningún caso, gracias a su proverbial prudencia y saber hacer, han recibido fondos públicos para ser rescatados. Ergo procede pagar la indemnización de marras. Es más, hay guardados en el cajón 416 (cuatrocientos dieciséis) millones de euros para 16 (dieciséis) directivos bancarios de BBVA, Santander, Banesto y Popular. Se han olvidado convenientemente de contabilizar al resto de directivos de bancos y cajas de ahorro (bastantes más de 16).
Pero, ¿realmente es así? ¿Puede una entidad finaciera pagar un dineral a un directivo al que despide o “es dimitido”?. Veamos:
HECHOS
- Durante la época en que la burbuja inmobiliaria crecía más y más, las entidades financieras metían por los ojos, oídos (y aún por cualquier orificio receptor de sus clientes y no clientes) dinero barato, abundante y fácil de conseguir , tomando como referencia de la solvencia de los incautos clientes el valor -ficticio- de sus propiedades inmobiliarias, ya fuera un huerto de patatas -urbanizable en cualquier momento- una plaza de garaje o el hueco del ascensor. De este modo, el incauto cliente entraba al trapo, no sólo porque en ese momento tenía capacidad de devolución del préstamo en cómodos plazos de 40 años, sino también porque si Fulanito, el vecino de enfrente, podía disfrutar de tamaña riqueza (BMW para él, Mercedes para la señora, clases de paddel para toda la familia), no había razón para pensar que uno no era merecedor de un estilo de vida igual o mejor, faltaría más.
- Las entidades financieras, para mejorar el nivel de vida de sus clientes, por supuesto de manera prácticamente altruísta (a euribor -2%- más 0,25), debía a su vez endeudarse en mercados mayoristas (como si fuera una lonja, pero de dinero), fundamentalmente en el extranjero.
- Llegó un día en que, por culpa de lo negros afroamericanos que no pagaban su hipoteca (los ninjas o subprime), toda esa riqueza que disfrutábamos endeudándonos más y más se desvaneció, quedando al descubierto nuestros harapos cual Aladino sin su lámpara.
- Debido a que nuestra solvencia quedó seriamente deteriorada y a que las entidades financieras tenían obligación de devolver en plazos muy cortos (un día, una semana, un mes) lo que a su vez prestaban a 40 años a los incautos clientes, hete aquí que dejaron de prestar dinero, pero no sólo a los particulares, sino también a las empresas (que también se habían endeudado lo suyo para acometer crecimientos en muchos casos irracionales); primero a las constructoras y promotoras, después a las del sectores relacionados… y así sucesivamente. Hasta que el cliente emprobrecido y la empresa sometida a una brusca cura de adelgazamiento financiero dejaron de consumir y de comprar.
Consecuencia: las familias -dado que sigue siendo ilegal la venta de sus miembros más pequeños, con la que podían aumentar los ingresos y seguir cubriendo los gastos- no tienen más remedio que afrontar un plan de recorte del gasto “agresivo”, a fin de poder seguir pagando la hipoteca de un piso comprado a precios estratosféricos y no tener que dormir en la calle.
Las empresas, sometidas a la hambruna crediticia, con los impagados en máximos históricos, echan mano de la imaginación que siempre les ha caracterizado y empiezan por lo magro: despidos masivos, cierres, concursos de acreedores, impagos a sus proveedores…
- Por tanto, el paro se dispara, el consumo disminuye, el miedo es libre y sigue disminuyendo el consumo incluso entre los empleados, los impagos se disparan, el euribor sube, el paro sigue subiendo, el petróleo sube, las quiebras y suspensiones de pago se siguen disparando, las hipotecas suben, el gasto público aumenta, se aplica terapia de electroshock para salvar el sistema capitalista, el gasto público sigue disparándose…
Y mira por dónde llega la subida de impuestos, que curiosamente no afectará al pobre de Gorigolzarri ni a sus dieciséis correligionarios, o al menos, no en la misma medida que al resto de los mortales: el vecino de Fulanito, vestido con harapos, vendido el BMW y los niños recibiendo gratuítamente clases de carreras de chapas en el parque de la esquina, deberá hacer aún un pequeño esfuerzo para pagar un 2% en productos que, si bien no son de primera necesidad, sí son necesarios (haced memoria), y si en su cuenta corriente todavía le queda algo -después de gastos y comisiones, por supuesto- deberá hacer otro esfuerzo y pagar otro 2% adicional (no creo que tenga para el 4%).
Y en éstas estamos cuando el pobre Goiri es despedido de una entidad cuyo servicio de estudios aboga desde hace años por lo que ellos llaman “flexibilización del mercado de trabajo”, es decir, abaratamiento del despido o mejor aún, despido libre, y en general por una reforma del Estado del Bienestar que signifique menos protección social, es decir, menos impuestos a empresas como el BBVA y a sus directivos despedidos o “dimitidos”, que del resto ya se ocupan ellos. Y al módico precio de 3,5 millones de euros al año. Un chollo.
Todo esto, por supuesto, gracias a la proverbial prudencia y saber hacer de Goirigolzarri y los suyos.