“Ningún pueblo cree en su gobierno. A lo sumo, los pueblos están resignados”. Octavio Paz (1914-1998)
Antes de comenzar el tema de hoy, quiero dar la bienvenida a Sagitillas, que ha tenido a bien aceptar el reto que os proponía en el último post y colaborar como autora en Foro Abierto. Estoy convencido de que sus aportaciones serán muy enriquecedoras. Desde aquí quiero agradecerle su valentía (¡el mundo es de los valientes!) y ofrecerle toda mi colaboración.
Y, metiéndonos ya en harina, hace días que le estoy dando vueltas a esto de la subida de los impuestos especiales en particular, y en general a la demolición de un sistema fisca en mi opinión bastante correcto (al menos en lo que a intención se refiere) desde hace algunos años .
Y es que la subida de los impuestos especiales aprobada por el gobierno la última semana es el último escalón de la injusticia social a la que estamos sometidos los ciudadanos, prisioneros de diversos lobbys y corrientes de opinión neoliberales que están encantados de repartir la factura del desaguisado en el que estamos inmersos entre todos.
Recapitulemos. El principio de progresividad del sistema fiscal está recogido en el artículo 31 de la Constitución Española de 1978:
“Artículo 31. Sistema tributario.
1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá carácter confiscatorio.
2. El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía.
3. Sólo podrán establecerse prestaciones personales o patrimoniales de carácter público con arreglo a la Ley.”
Segundo acto: desde el establecimiento de la democracia, los distintos gobiernos han reformado el sistema tributario según su filosofía (más liberal, más intervencionista…). Sin embargo, en casi todas las reformas fiscales se ha dado un denominador común: paga más quien más ingresa, y paga más quien más tiene (esto último con matices, todos sabemos que hay fórmulas societarias o productos financieros concretos que han rebajado y rebajan el pago de la factura fiscal de manera importante).
Sin embargo, curiosamente se está incrementando en los últimos años la recaudación vía impuestos especiales (hidrocarburos, tabaco, alcohol) y se habla de incrementar los impuestos indirectos, fundamentalmente el IVA, mientras se elimina el Impuesto sobre el Patrimonio, el gravamen de los rendimientos de capital hace tabla rasa con el 18% (café para todos), … en fin, que de progresividad nada de nada. Aquí pagamos todos a escote, da igual lo llena que se tenga la billetera o si alguno se ha puesto ciego de Moët Chandon mientras la mayoría se ha conformado con unas cañitas. Y es que a la hora de contribuir a las arcas públicas, evidentemente no tiene el mismo peso el 16%, o el 20%, en un mileurista que en Florentino Pérez.
Y no hace falta hacer mucha memoria para recordar que se perdió una oportunidad única durante el cambio de pesetas a euros para trincar a los defraudadores (que, por si alguien no lo ha pensado, nos están robando a todos) Si a esto añadimos la ineficacia de la Agencia Tributaria curiosamente sólo en lo que toca a Inspección, y la cantidad de dinero B que muchos han atesorado en la última década gracias al pelotazo inmobiliario y otras gracietas, sólo me queda decir que cada día tengo la creciente sensación de que me están tomando el pelo. Será que me hago mayor y me vuelvo más quisquilloso.